En la vida, Dios nos ha dado el gozo de estar rodeados de personas que nos aman y nos apoyan. Gente que cree en nosotros. Hacia esas personas, usted y yo debemos tener un respeto y temor saludables para que la confianza no tan sólo continúe, sino que crezca. Muchas personas, que no midie­ron las consecuencias de sus acciones, tomaron decisiones irra­cionales, en cuanto a sus relaciones se refiere, y causaron horribles daños a sus familias, hijos, amigos, parientes, cola­boradores y demás. En la vida, debe existir un temor saludable que le ayude a establecer los parámetros correctos que dirijan nuestras acciones.

Con gran tristeza, todo el mundo fue testigo de la falta de temor saludable que demostró el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton al exponerse él, su familia y toda una nación a una vergüenza desmedida, por el simple hecho de no haber establecido ciertos parámetros personales en su vida sexual. Es una verdadera lástima que este gran estadista y político sea recordado más por el nombre de una chica que por todos los grandes logros acontecidos bajo su administración. Todo, por no tener un temor saludable, por ignorar los parámetros de una buena relación y los parámetros de los valores morales.

Sería muy fácil señalar con el dedo a todas las personas que han cometido errores de esa índole y sentirnos de alguna manera justificados en juzgar fuertemente su insolencia. Pero, ¿y nosotros, qué? ¿Hemos establecido las fronteras firmemente en nuestra propia vida? ¿Nos creemos infalibles? ¿Pensamos que somos exentos de cualquiera de estas situaciones? El que lo crea, está más cerca de la caída de lo que se puede imaginar. “Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Para tener relaciones duraderas, tenemos que establecer buenas fronteras.

En las amistades: ¿Es usted buen amigo? ¿Ayuda a sus amistades en los momentos de necesidad? ¿Se ha mostrado fiel aun cuando las condiciones no han sido ni adecuadas ni propicias? ¿Le ha dado usted el beneficio de la duda a su amigo cuando ha venido a contarle un chisme acerca de él o de ella? ¿Ha aplicado la regla de oro “haz con otros lo que quisieras que otros hicieran contigo”? ¿En sus peores momentos, será usted una de las primeras personas a quien llamará su amigo?

En la familia: ¿Usted es buen papá? ¿Es una buena mamá? ¿Es un buen hijo? ¿Reina un ambiente, en general, de cordia­lidad y concordia en su casa? ¿Se respira un ambiente de apoyo, bendición y afirmación? ¿Escucha usted a sus hijos con la misma intensidad con la que escucha a sus mejores amigos? ¿Sus hijos tienen libertad de opinar y hablar en voz alta en la casa, aun cuando sea para estar en desacuerdo con algo que usted piensa? ¿Reina un ambiente de respeto por las ideas de otros, aun cuando estas puedan ser muy distintas a las que han caracte­rizado su vida personal?

En su trabajo: ¿Está usted corres­pondiéndole a su empresa por el trabajo que le paga? ¿Hace lo más posible? ¿Ha medido su nivel de entusiasmo? ¿Cumple con su jornada de trabajo al pie de la letra? ¿Está ofreciendo lo mejor de su creatividad? ¿Es honesto e íntegro en todas sus cuentas?

Es cuestión de principios. Sólo tenemos que establecer los principios apropiados en nuestra vida personal y vivir de acuerdo a lo que nos marcan nuestros principios. Es la mejor manera de evitarnos problemas en esa área. Así de sencillo. Hace mucho, descubrí que los principios que enseña Jesucristo son más que visibles, son indispensables para gozar de una vida plena, llena de alegría y paz.

 


Marcos Witt es un conocido ministro, salmista y fundador del Grupo CanZion, su propio sello musical. Además, es el autor de Enciende una luz y muchos otros libros. Es el pastor de la congregación hispana de la Lakewood Church, cuyo pastor principal es Joel Osteen, en Houston, Texas.

 

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