Muchos de nosotros luchamos con el temor. Aunque los que somos creyentes en Jesucristo no tenemos necesidad de tener miedo. ¿Por qué? Porque Él siempre está con nosotros. Porque nos ama con un amor perfecto. 1 Juan 4:18 establece: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”.
Dios sabe que el temor es la primera emoción que generalmente sentimos cuando nos llama a hacer algo que nos lleva a un nuevo nivel. Ya sea un poco de nerviosismo o pleno pánico, el grado de temor varía, pero muchos lo experimentamos.
Puede que estemos cambiando de carrera, contrayendo matrimonio, teniendo hijos, dejando todo para ir al campo misionero y así por el estilo. Nuestras mentes están llenas de entusiasmo, pero pensamos: ¿Qué tal si?, ¿Qué tal si?, ¿Qué tal si?
Siempre que damos nuevos pasos, especialmente para Dios, casi siempre enfrentamos una circunstancia negativa que trata de desanimarnos. Algo surge para decirnos que es muy difícil, que no hace sentido, que no funcionará o que no estamos cualificados para hacerlo. El enemigo usa esas palabras y pensamientos para desanimarnos, esperando que nunca cumplamos con lo que nos toca hacer.
Apocalipsis 12:4 nos da ideas sobre cómo el enemigo trata de plantar temor en nosotros hasta antes que comencemos: “Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese”.
El dragón (que representa a Satanás) se paró...
Deseamos que siga leyendo este artículo o columna en la edición más reciente de Vida Cristiana digital. Si no se ha suscrito a la versión digital, le invitamos a que así lo haga, para que disfrute de los artículos más inspiradores y noticias más sobresalientes del mundo cristiano hispano. Suscríbase aquí.
















