No se necesita ningún
talento especial para rendirse en el camino de la vida y decir: “No
camino más, me rindo”. Cualquier incrédulo que no cree en Cristo
puede hacer eso.
No tiene que ser un cristiano para rendirse. Pero cuando abrazas a Jesús, o mejor dicho cuando Él lo abraza a usted, Él comienza a inyectar fuerza, energía y ánimo en su vida, y algo extraño y maravilloso comienza a suceder. ¡Él no lo dejará rendirse! Usted dirá: “O, Señor déjame solo. No quiero seguir más”. Pero Él no le dejará rendirse aunque usted lo quiera.
Hubo un tiempo en que yo antes quería rendirme y dejar todo. Pero ahora salgo de mi cama y comienzo cada día con ánimo. Comienzo mi día orando, leyendo la Biblia, proclamando la Palabra y buscando a Dios. El diablo puede estar gritando en sus oídos:
“Eso no te está haciendo ni chispa de bien. Has estado haciendo eso por años y mira donde te ha llevado, todavía tienes problemas”. Ahí es cuando yo digo: “¡Cállate, diablo! La Biblia me dice que debo poner mis ojos en Jesús y seguir su ejemplo. Él es mi líder y mi ejemplo. Él es mi fuente y el cumplidor de mi fe”.
Eso fue lo que mi hija hizo para mantener su espíritu y seguir adelante a pesar de lo que le había sucedido. Ella hubiera podido mirar hacia atrás y pensar: “Bueno, me sucedió otra vez, más rechazo. Me pasó una vez, una segunda vez y ahora me ha sucedido la tercera vez”. En cambio, ella puso sus ojos en Jesús. Usted y yo necesitamos decidir hoy que, venga lo que venga, vamos a seguir luchando y caminando hacia delante, sin importar lo que pase.
– Tomado del libro ¡Ayúdenme, siento desánimo! por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.
















