Las visiones proféticas han vuelto a
empezar. Cada vez que un evento importante tal como una guerra en
Oriente Medio, un tsunami, un terremoto mortal, o un fenómeno
meteorológico tipo Katrina golpea el planeta, los maestros
proféticos y los adivinos seculares comienzan a piar sus
advertencias como los pájaros en abril anuncian que llegó la
primavera. Desde que Cristo subió en una nube desde la cima del
Monte de los Olivos en Jerusalén, centenas de maestros y
predicadores proféticos han tratado de discernir toda otra nube de
conflicto mundial que se cierna sobre el horizonte como aquella sobre
la cual Jesús puede regresar. ¿Realmente estamos en el tiempo del
fin, y si lo estamos, qué es el tiempo del fin?
Primero, el tiempo del fin, no es el fin del tiempo una frase repetida a menudo cuando los creyentes hablan de los últimos días. La frase “fin del tiempo” no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Tampoco es el fin del mundo como sugieren algunos. El concepto de que el mundo va a terminar es una mala interpretación del versículo de la traducción inglesa —y española— del evangelio de Mateo. Cristo anunció:
Más tarde estaba Jesús sentado en el monte de los Olivos, cuando llegaron los discípulos y le preguntaron en privado: ¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?" (Mateo 24:3, NVI).
La frase “fin del mundo” pinta sobre el lienzo de la imaginación humana un cuadro de total aniquilación del planeta y de completa destrucción apocalíptica de la humanidad. Sin embargo, como el Nuevo Testamento fue escrito en griego, el significado de ciertas palabras difiere del de nuestro idioma. Por ejemplo, hay tres palabras griegas diferentes traducidas como mundo en el capítulo 24, el famoso discurso del Monte de los Olivos en que Jesús predijo las señales de la destrucción de Jerusalén, la futura Tribulación, y su regreso para establecer su Reino. En Mateo 24:3, los discípulos le pidieron a Cristo que revelara las señales de su venida. Cuando Jesús les habló del “fin”, no estaba aludiendo al fin del planeta Tierra sino al “fin”: aion, o fin de la era. A estos discípulos judíos, criados en las sinagogas y entendidos de los escritos proféticos, se les enseñaba que los profetas hebreos anunciaron un Reino en el cual una figura mesiánica gobernaría el mundo, los enemigos de Israel serían derrotados, y los judíos se convertirían en el grupo étnico que lideraría. Todas las naciones se reunirían en Jerusalén una vez al año para adorar (Zacarías 14:16).
El profeta Daniel hizo tal predicción: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido" (Daniel 7:13-14).
La frase hijo de hombre se usa 108 veces en el Antiguo Testamento en la versión inglesa King James. Dios se dirigió al profeta Ezequiel llamándolo “hijo de hombre” 93 veces. Una vez, en la profecía de Daniel, el Mesías fue identificado como: “uno como un hijo de hombre" que venía con las nubes (Daniel 7:13). En el Nuevo Testamento, Jesús se llama a sí mismo “el Hijo del hombre” en numerosas ocasiones (Juan 1:51; 3:13; 6:27). Cristo vino predicando el evangelio del Reino, haciendo milagros y prediciendo el futuro de Israel. Los discípulos discernieron que Él era el Mesías (el Hijo del hombre) que Daniel profetizó que traería el reino victorioso y final en la tierra (Daniel 7:18, 22, 27).
Según Jesús, ocurrirían numerosas señales claves antes de que se estableciera el Reino mesiánico en Jerusalén. Predijo que la era final sería precedida por guerras y rumores de guerras, hambre y pestilencias en diversos lugares (Mateo 24:6-7). Les advirtió que ejércitos enemigos rodearían Jerusalén y terminarían arrasando la ciudad y el templo (Mateo 24:2; Lucas 21:20). Les avisó con anticipación que seguiría una gran persecución, y las familias se volverían unas contra otras, generando ofensas y odio (Mateo 24:9-12). Cristo les reveló luego el principal indicador de que culminaría la era del hombre:
"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:14).
La difusión del Evangelio en todo el Imperio romano en días de los discípulos fue una señal del completamiento del tiempo de Israel, Jerusalén, el templo, y el pueblo judío. Desde el día de Pentecostés alrededor de 32 d.C. cuando nació la Iglesia, hasta el 70 d.C. cuando la Décima Legión Romana invadió Jerusalén y destruyó la ciudad, y finalmente la arrasó un año después, el evangelio del reino había sido predicado alrededor del mar Mediterráneo en lo que llamamos Oriente Oriente, Europa y Asia Menor. El fin llegó para Israel, Jerusalén y el templo, tal como Cristo lo predijo en (Mateo 24:1-2).
Hoy en día, algunos individuos bienintencionados, pero teológicamente escasos intentan probar que todas las profecías relacionadas con el tiempo del fin y el regreso de Cristo ya se cumplieron entre el 66 d.C. y el 70. Citan al historiador Flavio Josefo, diciendo que los eventos de los cuales habla dan evidencia de que todas las señales cósmicas predichas por Cristo se han cumplido. Esos eventos registrados por Josefo incluían extraña actividad cósmica una estrella con forma de espada suspendida sobre la ciudad y un cometa que aparecía sobre Jerusalén un año antes de la destrucción.
También habló de una luz sobrenatural que era vista de noche, y de la puerta oriental del patio interior, “cerrada por veinte hombres, y que descansaba sobre una base forjada con hierro, y tenía tornillos muy ajustados profundamente en el piso sólido, la cual allí estaba hecha de una sola piedra, se la vio abrirse por sí misma alrededor de la hora sexta en la noche”.
Cuando se me dijo que Mateo 24 se había cumplido en el 70 d.C., recordé la persona y seguí leyendo todo Mateo 24, que predice la destrucción del templo, las señales antes de la venida de Cristo, y el fin de la era. Esta parte de Mateo 24, los versículos 15-21, no ocurrió en el año 70 d.C., y en realidad, en ninguna otra época de la historia pasada. Estas señales incluyen:
La abominación desoladora en Jerusalén en el lugar santo (Mateo 24:15)
Una Gran Tribulación tal como nunca jamás se ha visto en la historia (Mateo 24:21).
Los días de la Tribulación serán acortados por amor a los elegidos (Mateo 24:22).
El sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, y las estrellas caerán (Mateo 24:29).
El Hijo del hombre aparecerá en los cielos para que todos lo vean (Mateo 24:30).
Los ángeles recogerán a los escogidos de los cuatro puntos de la tierra (Mateo 24:31).
Los hechos aquí mencionados no han ocurrido aún pero se desarrollarán en el tiempo del fin. Esta pequeña palabrita de tres letras fin también se usa muchas veces en el Evangelio de Mateo y es importante comprenderlo cuando se responde la pregunta: ¿Realmente estamos en el tiempo del fin? Los discípulos pidieron señales del fin de la era. Esta palabra en griego significa “la finalización, o la consumación de una cosa”. El W. E. Vine’s Expository Dictionary of Old and New Testament Words, dice que la palabra fin “no denota una terminación, sino una conducción de los eventos hacia el clímax señalado”. Los discípulos estaban pidiendo ciertos indicadores de la finalización y consumación de la era. La palabra fin se usa en Mateo 24 cuando Jesús advierte de las guerras, hambrunas y pestilencias, diciendo que cuando se viera que estas cosas ocurrieran en la tierra, serían “principio de dolores” (v. 8), “pero aún no es el fin” (v. 6). La palabra griega fin (telos) en este pasaje es una palabra común usada también vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; "para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación" (Mateo 23:34-36).
–Tomado del libro Se desata la bestia por Perry Stone. Publicado por Casa Creación. Usado por permiso.
















