Segunda de Timoteo 1:7 nos dice que la timidez, que es lo mismo que el miedo, no es de Dios, y que Dios nos da poder, amor, una tranquila y muy equilibrada mente, disciplina y autocontrol.
Voy a contarle un secreto: el miedo nunca dejará de venir contra nosotros. Nosotros debemos aprender a hacer lo que Dios nos dice que hagamos, sintamos miedo o no. Debemos "hacerlo asustados" si es necesario, pero en eso consiste el valor; en sentir miedo ¡y hacer de todos modos lo que se debe hacer!
Yo siempre pensaba que mientras sintiera miedo sería un cobarde, pero he aprendido algo diferente. Cuando Dios le dice a Josué repetidamente que no temiera (vea Josué 1:9; 10:8), le dejaba saber que el miedo iba a atacarlo, pero que debía caminar en obediencia a lo que Dios habló.
No somos cobardes porque sintamos miedo. Somos cobardes sólo si dejamos que el miedo gobierne nuestras decisiones.
El miedo es un espíritu que causa síntomas físicos y emocionales. Cuando el miedo nos ataca, podemos sentirnos trémulos y débiles o encontrarnos sudando. Puede darnos cada vez que nos reunamos para hablar o nos pongamos en marcha. Nada de eso quiere decir que seamos cobardes. La Palabra de Dios dice, muchas veces, "no temas". La manera de conquistar el miedo es seguir adelante a través de él y llegar al otro, el lado de la libertad, que es el lado del poder.
--Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
















