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Cómo recibir bendición en las finanzas

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El éxito económico no depende de cuánto ganamos, sino en cómo manejamos lo que Dios nos ha confiado.
Hace ya un tiempo que vengo escuchando en los medios de comunicación como en las con­versaciones con particulares sobre la retante situación económica que se está viviendo en Estados Unidos. Algunos se preguntan si estamos o no pasando por una recesión. Este término, el diccionario de la Real Academia Española lo define como una depresión de las actividades económicas en general que tiende a ser pasajera. Es decir, es la fase del ciclo económico que se caracteriza por una disminución de la actividad, el empleo y la producción.

Lo cierto es que el gobierno no le ha asignado nombre a la situación, pero lo que en ocasiones se escucha entre el pueblo es que si la moneda está devaluada, la gasolina está cara, las ventas de bienes raíces están lentas, hay empresas que están despidiendo personal, las bancarrotas personales han aumentado, y, en fin, que si uno se deja llevar por lo que ve y oye, el nivel de desánimo podría llegar a ser bastante exorbitante.

La buena noticia es que Dios está al tanto todo. Él conoce el más mínimo detalle de las circunstancias, y nos prometió que jamás nos abandonará. ¿Qué nos pide? Que confiemos plenamente en Él y no en la bolsa de valores, los bienes raíces, nuestros empleos, el gobierno, esto o lo otro. Claro está, también nos pide que tomemos decisiones sabias. De eso, hablaremos más en este artículo.

Oportunidades en la oscuridad

Al leer la Biblia, encontramos en el popular personaje de José, un ejemplo de una circunstancia que, a simple vista, tenía todos los requisitos para ser una vida derrotada y fracasada. No obstante, Dios la tornó en victoriosa. Fíjese también en Abraham, a quien a los 99 años de edad, Dios le dijo que sería "padre de muchedumbre de gentes" (Génesis 17:5) y que su descendencia sería "como las estrellas del cielo" (Génesis 15:5). Porque "lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios" (Lucas 18:27). Su manera de obrar es distinta a la nuestra.

Si estudiamos un poco la historia de este país, nada de lo que se está viviendo es nuevo, y el denominador común siempre ha sido que se ha salido adelante. Por ejemplo, el 27 de octubre de 1929, la bolsa de valores de EE.UU. cayó. A esa época difícil de la década de los treinta en que muchas empresas y bancos cerraron operaciones y miles perdieron sus empleos, se le conoce como la Gran Depresión. Lo interesante es que, en gran medida, el factor que ayudó a salir de la depresión, que, por cierto, es la fase del ciclo económico que se caracteriza por la reducción de la producción, el empleo y la inversión, fue la Segunda Guerra Mundial. Cuando EE.UU. decidió entrar en la batalla en 1941, hubo gran necesidad de crear empleos para la producción en masa de materiales de guerra. Por ende, la moneda volvió a circular y la economía a recuperarse.

Para nada quiero decir que pasará más de una década antes que la situación mejore, y mucho menos que hace falta entrar en una guerra para que la economía se recupere. El único que tiene control de las soluciones es nuestro Padre. Lo que este ejemplo histórico nos muestra es que Dios usó una circunstancia oscura y la usó para bien. Volvemos al principio bíblico imperecedero: "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman" (Romanos 8:28, NVI).

El Primer Ministro inglés Winston Churchill dijo: "Nunca se dé por vencido, nunca se dé por vencido, nunca, nunca, nunca, en nada, ya sea en algo grande o pequeño, importante o insignificante, nunca se dé por vencido excepto que sea a las convicciones de honor o al buen juicio". Esta mentalidad de perseverar, a pesar de lo negativo de las circunstancias, es la que debemos adoptar.

Estos son tiempos de cambios, de nuevos comienzos, y eso requiere una transformación en la manera de pensar. A continua­ción, mencionaré las áreas que requieren atención. Por ejemplo, la mentalidad de consumismo, "la de quiero eso y es ahora", es preciso que perezca. Las necesidades y los deseos no son lo mismo, por lo que cada vez que vamos de compras, debemos preguntarnos: "¿En realidad lo necesito o sencillamente lo deseo?". Por otro lado, sólo debemos comprar cuando contamos con el dinero en efectivo para pagar y no comprar a crédito, a menos que una vez llegue la factura, saldemos la deuda y no paguemos intereses.

Lo primero que debemos hacer es darle a Dios su parte, me refiero a diezmar y ofrendar. En realidad, el Señor es el dueño de todo y necesitamos reconocerlo. En Hageo 2:8, dice que Él es el dueño del oro y la plata; en Levítico 25:23, de la tierra; y en el Salmo 50:10-12, de todos los animales. Lo que tenemos, nos lo ha dado por su gracia, nos lo ha confiado, pero a cambio espera que seamos buenos administradores de sus riquezas. La buena noticia es que nunca es tarde para comenzar a ejercer este principio, que todo lo que hace es traer bendición, pues justo así Él lo diseñó.

Es imprescindible ahorrar y no gastar más de lo que devengamos. Toda persona que trabaja, al menos debe guardar el 10 por ciento de su sueldo. Crear un presupuesto es muy beneficioso, ya que sirve de guía para monitorizar los gastos. Algunos piensan que eso es una esclavitud. Sin embargo, más esclavo es el que gasta sin saber a dónde va a tener su dinero o el que vive sin poder planificar su futuro porque gasta sin medida ni control.

Muchos hemos cometido errores en algunas o todas estas áreas, pero como bien recomiendan los expertos en finanzas, nunca es tarde para enmendar las faltas. Lo importante es reconocer el error y dar los pasos necesarios para salir adelante. Como escribió el autor de La transformación total de su dinero, Dave Ramsey: "Mi vida financiera comenzó a cambiar cuando asumí toda la responsabilidad de la misma". Ramsey cuenta que hizo grandes riquezas, pero a los 20 años de edad, se declaró en bancarro­ta. Aprendió su lección, y antes de cumplir los 40, se hizo millonario de nuevo. Pero esta vez hizo lo correcto, y ahora vive libre de deudas.

Enseñanzas valiosas

El Sr. Paul Roldán, asesor financiero quien estudió en la Universidad de Princeton e hizo maestría en Harvard, brindó valiosa información sobre las finanzas durante unas charlas que ofreció en la iglesia Centro Cristiano Restauración (CCR) en Orlando, Florida a principios de este año. Utilicé de sus enseñanzas para que sea de provecho al Cuerpo de Cristo. La idea principal, y el propio Roldán enfatizó en ella, no es enseñar cómo hacerse rico, sino cómo ser buenos mayordomos de lo que tenemos. Él mismo aclaró que conoce personas que ganan sobre $100,00 al año y se han declarado en bancarrota, así como otros que devengan $30,000 anuales y tienen muy buenas cuentas de ahorro.

A manera de presentar la realidades, Roldán dijo que el nivel de ahorro en EE.UU. en 2006 fue de –1.0% (leyó bien, dice negativo uno por ciento), lo cual refleja un aumento, ya que en 2005 fue de -0.5%. Es decir, que, en general, el pueblo no está ahorrando, pero sí se está endeudando a pasos agigantados. Tomó como ejemplo la ciudad de Orlando, cuyo ingreso promedio anual por hogar es de $43,000, y las deudas por tarjetas de crédito ascienden a $13,000. Eso significa que si se le añaden los impuestos, el 45 por ciento del ingreso ya está comprometido para pagar deudas, o el ingreso que se devenga cerca del primer trimestre del año, está destinado a cubrir las deudas. Se estima que el 80 por ciento de los estadounidenses, debe más de lo que posee. Esto es alarmante.

Además de la realidad, Roldán quien también es codueño de la compañía Allgen Financial Services, Inc.y sirve en la junta directiva de CCR, se concentró en las soluciones. Animó a los asistentes, al reiterar que nunca es tarde para hacer cambios positivos para un futuro financiero esperanzador. "Hacer bienes toma tiempo, dando pasos deliberados y consistentes", manifestó.

Roldán sostuvo que los millonarios componen el 1 por ciento de la población del país, cuentan con un ingreso anual de $749,000, y que los multimillonarios son el 5 por ciento. "Si quieres lograr grandes cosas, imita a los que han llegado", comentó.

Según Roldán, el valor neto (es el resultado de todo lo que tenemos numéricamente menos todo lo que debemos) de estas personas adineradas, es de 9.2 millones de dólares. Algunos datos curiosos de este grupo son: no compra automóviles nuevos; ni gasta más de $41,000 en uno; no ha pagado más de $4,500 por un anillo de compromiso; remienda sus zapatos; usa ropa bastante usada; toma vacaciones cada dos años; no gasta más de $38 en un recorte de cabello; compra casas que tienen de 30 a 40 años de construidas, ya que en las urbanizaciones nuevas no se ha comprobado el valor de la propiedad; gasta un promedio de $435,000 en una casa; no se ha mudado en los últimos 10 años; y el 90 por ciento tiene educación universitaria.

Mentalidad de conquistador

Existen cuatro elementos claves que deben considerarse. El primero es la mentalidad. Es preciso pensar como los conquistadores, como recomienda en Filipenses 4:8: "... todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad". El segundo es la educación, para la cual nunca es tarde y no se refiere exclusivamente a obtener un grado universitario, sino a leer libros que enriquezcan el conocimiento. Algunos ejemplos de buenas fuentes son: El millo­nario de al lado y The Millionaire Mind, ambos de Thomas J. Stanley, y Finanzas familiares, de David Bach. El tercer elemento es la acción. Lo que quiere decir que si se tiene toda la información necesaria, pero no se hace nada con ella, de nada vale. Hay que ponerla en práctica. Ramsey opina: "Ganar en el campo del dinero es un 80 por ciento de comportamiento y 20 por ciento de conocimiento".

Por último, está la disciplina. Sabemos que lo bueno no se logra fácilmente. Si se le presenta un negocio que promete riquezas rápidas, de esos que "tiene que llamar en lo próximos 20 minutos para aprovechar la oferta", mejor dé una buena vuelta y camine para el lado contrario.

Por otro lado, Roldán menciona que hay cuatro tipos de personas en el mundo empresarial: los empleados, quienes trabajan para una empresa; los profesionales, los de carreras en medicina, leyes, etc.; los empresarios, los dueños de negocios; y los inversionistas, quienes buscan oportunidades para invertir y multiplicar sus riquezas. Roldán aclaró que cualquiera de estos tipos, es capaz de hacerse millonario. De hecho, de los millonarios hoy día, 33% son empleados, 36% son profesionales, 32% son empresarios, pero 100% son inversionistas.

"La mentalidad es uno de los retos más grandes que existen para vencer el mito de la pobreza. Para obtener el éxito financiero, tenemos que cambiar la forma de pensar", reiteró el asesor. Añadió que "la pobreza es una creencia del corazón, no es estar sin dinero". Por eso es que se escucha de personas que han heredado o ganado millones en la lotería y al año no tienen un centavo. Se recomienda no depositar nuestra confianza en la lotería: las posibilidades de ganarla es una en 15 millones. La provisión sólo viene de Dios.

Por su parte, Ramsey señala que la base del éxito económico son: integridad, disciplina, destrezas sociales, cónyuge que apoya (claro, esto aplica a los casados) y trabajar arduamente. No recomienda el recurrir a las apuestas ni el dar la firma como codeudor para préstamos de amigos y familiares.

Para concluir, Roldán propone el adoptar el principio 10/10/80 (esto es dar el 10% a Dios, ahorrar el 10% y vivir del 80%). Dice que es preciso contar con un fondo de emergencia, el cual debe ser de 3 a 6 meses de los gastos mensuales personales. Si no puede ahorrar el 10%, comience con algo. Si invierte, hágalo en lo que entienda y no deposite toda la inversión en un sólo lugar, diversifíquela. Por último, añade que el éxito financiero se logra a través de la cantidad que se ahorra, no la que se gana. y nos insta a poner de nuestra parte y creer "que Él hará”. 3


Brenda M. López de Teixeira escribe artículos y es la asistente editorial para Vida Cristiana.

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