El divorcio hace pedazos la vida que habíamos ajustado como normativa, y nos obliga a afrontar lugares oscuros y aterradores. Cuando confiamos en Dios, podemos hacer posible nuestra transformación por medio de Cristo.
Yo no habría sobrevivido a esto si no hubiera encontrado a Dios", manifestó Janelle acerca de su divorcio y subsiguiente viaje espiritual. "Mis padres estaban muertos, mis hijos eran jóvenes, y mi esposo se había ido por la puerta: yo no tenía a nadie. Me lancé en los brazos de la religión de mi niñez y descubrí que había algo real allí. Cuando regresé a la iglesia, después de haber estado lejos por mucho tiempo, quedé sorprendida al descubrir a un Dios que era genuino, personal, y que me amaba."
Janelle es incapaz de explicar lo que la atrajo de regreso a la iglesia."Solamente sabía que estaba sola. Sabía que no tenía las respuestas a lo que me estaba sucediendo, ni sabía qué hacer. Cuando pensaba sobre mi vida, la idea de regresar a la iglesia de algún modo vino a mi mente."
Ella nos dice algo de su niñez. "Crecí en una iglesia muy amigable. Quiero decir que no sé realmente por qué dejé de asistir, a excepción de que estaba eligiendo algunas cosas que probablemente no fueran muy 'eclesiales' o religiosas. Cuando era adolescente era sexualmente activa, y quizá de cierta manera sabía que Dios desaprobaba eso. Quizá dejé de asistir a la iglesia porque no quería que nadie me predicara sobre moralidad y sexo".
Años después, ella estaba buscando respuestas sobre moralidad. "Sí, probablemente sabía, aun siendo adolescente, que estaba eligiendo cosas que eran erróneas, haciendo cosas que eran dañinas para mí y para otros. Pero estaba tan ocupada viviendo mi vida según mis propias reglas que no quería escuchar nada de eso. Cuando mi matrimonio se derrumbó, sencillamente parecía lógico regresar a la iglesia y ver si alguien tenía alguna respuesta."
"Mi vida comenzó a cambiar en los grupos pequeños", dijo con mucha tranquilidad, "hacíamos un estudio bíblico basado en el sermón del domingo anterior. Todos éramos solteros más o menos de las mismas edades, la mitad éramos solteros después de un divorcio".
"Una semana el sermón fue muy personal, fue acerca de recibir el perdón de Dios e invitar la presencia de Dios en nuestra vida. Yo nunca le había pedido a Dios que me perdonara, ni nunca había invitado a Dios a que estuviera activo en mi vida o en mis elecciones. Asistía a la iglesia todo el tiempo, y también a los grupos pequeños, pero aún nada se había vuelto 'personal'. Yo hacía muchas cosas correctamente, pero en mi interior seguía estando dolida y asustada."
Para Janelle, una noche en el grupo pequeño se convirtió en una experiencia transformadora y en el comienzo de un viaje totalmente nuevo.
"Las cosas finalmente cobraron sentido. Pude ver lo que me faltaba en mi vida." Después de orar, confesar y pedir a Dios que la perdonara, Janelle quedó sorprendida cuando todo el grupo se reunió alrededor de ella para orar.
"Me sorprendió, para ser sincera", dijo sonriendo. "Yo no había visto eso antes, o quizá sí cuando era niña, pero no lo recordaba. Por tanto, cuando las personas comenzaron a orar por mí en voz alta, pidiendo a Dios que me bendijera, al principio fue extraño."
"Luego, a medida que yo escuchaba las oraciones, simplemente me asombró. De repente comprendí que había encontrado una nueva familia; una nueva familia de personas, pero también una nueva familia en Dios. Yo era de nuevo hija de Dios, o quizá lo seguía siendo. No era una persona vagabunda que estaba perdida o confundida, estaba otra vez en la familia de Dios."
Janelle estaba encontrando paz con un Dios que la amaba. Estaba regresando a casa.
"Ahora de adulta, finalmente entiendo que Dios siempre me ha amado, cuando escogía mal y cuando escogía bien. Dios me estuvo amando todo el tiempo que estuve lejos de Él y de su iglesia. Dios me estuvo amando cuando me casé con tan poca sabiduría y cuando mi matrimonio finalmente se rompió."
Ella se hace eco de la pregunta que muchas personas divorciadas plantean: "¿Por qué me llevó toda mi vida entender esto?".
Dios mi compañero
Antes de volver a casarse, Geraldo pasó diez años como padre soltero divorciado, criando a dos hijas y un hijo. Su ex esposa era drogadicta, por tanto los tribunales le cedieron a él la custodia de los hijos.
Sin embargo, la religión de ningún tipo era parte de su vida. "Crecí en la iglesia y me aparté en la adolescencia, en algún punto perdí el interés en cualquier cosa que ellos estuvieran vendiendo o tratando de venderme", confesó Geraldo.
Aunque se casó por la iglesia, fue la primera y la única vez que asistió a la iglesia como adulto, hasta que se encontró a sí mismo divorciado y padre de tres niños pequeños. "Necesitaba ayuda, no para mí, sino con los niños. Esperaba que la iglesia pudiera 'estar ahí’ para ellos de maneras que yo, como padre soltero, no era capaz de manejar."
"Quizá sea injusto o algo parecido, pero mis motivos para regresar a la iglesia confieso que fueron totalmente egoístas. Lo que yo quería era encontrar programas, o grupos, o campamentos, o cualquier cosa que ayudara a mis hijos. También esperaba encontrar adultos que pudieran mostrarles a mis hijos lo que una 'familia normal' se suponía que era, ya que su propio hogar estaba destruido y su mamá era una drogadicta."
Geraldo asistió a tres iglesias antes de encontrar lo que pensaba que quería. "Me invitaron a un retiro para hombres y desde luego, al ser padre soltero, no podía ir, pero me impresionó que las personas trataran de acercarse a mí e incluirme en las cosas. Agradecí eso, no me ofendió, sino que me pareció 'amigable', de una manera buena."
Cuando tuvo lugar un evento para hombres un sábado en la mañana unos meses después, él decidió asistir. "Mis padres se quedaban a veces con los niños el sábado o el domingo, solo para darme algún tiempo para relajarme, limpiar la casa, o cualquier otra cosa. Aquel sábado mis padres tenían a los niños, y había un evento para hombres en la iglesia que presentaba a un importante atleta profesional y a algunos otros hombres que hablaban sobre cómo la fe les había salido al encuentro en sus vidas."
Geraldo asistió e hizo nuevos amigos. Luego el orador comenzó a hablar sobre Dios."Toda su charla aquel día se trató sobre colaborar con Dios, pero eso no fue lo primero que observé. Lo primero fue que aquel hombre era divorciado y casado por segunda vez; y hablaba mucho sobre su divorcio, probablemente más que sobre el deporte. Él no estaba amargado, ni parecía enojado, pero sí que expresaba muchas de las mismas cosas que yo había estado sintiendo desde mi divorcio. Creo que estaba teniendo un 'encuentro divino' y simplemente aún no lo comprendía."
Cuando el orador llegó a una parte de su charla en la que invitó a los hombres a recibir a Cristo en sus vidas y "colaborar con Dios" para el futuro, Geraldo supo que necesitaba hacer eso. "¡Me sorprendí de no haberlo visto venir! Pero cuando él llegó a esa parte de la charla, yo sabía en mi corazón que eso era exactamente lo que yo necesitaba."
"No hablé con nadie, incluyendo al orador, ni llené ninguna tarjeta ni puse mi nombre en ninguna lista. A mí realmente no me gusta unirme a nada, pero en mi corazón, en privado con Dios, sí que le invité a que viniera a mi vida. No podría explicarlo, pero supe que estaba cambiando mi vida y dando a Dios algún tipo de papel central a la hora de ayudarme como persona y especialmente como padre". Al mirar atrás, Geraldo cree que el proceso está funcionando. "Oh, no sé cómo podría haber sobrevivido cualquiera de aquellos años sin Dios como compañero y ayudador. Y ahora, aunque estoy casado con una mujer maravillosa, los dos aún sabemos que necesitamos a Dios como compañero."
Colaborar con Dios
¿Puede Geraldo describir lo que es "colaborar con Dios"? "Me sentí 'más ligero' enseguida, y eso significó mucho para mí, porque sabía que no era yo quien lo estaba inventando. Tuve un sentimiento muy tangible y real de que ya no estaba solo. Dios estaba conmigo."
"Por encima de eso, comencé a aprender a orar. Aquello fue difícil para mí, yo no había crecido en una casa donde se orara. No sabía cómo orar, pero comencé a aprender y a pedirle a Dios que me ayudara, empecé a pedirle consejos. Le pedía sabiduría, y Dios respondía mis oraciones, me daba un sentimiento de qué hacer." Pedimos un ejemplo.
"Bien, volver a casarme es definitivamente el mayor", suspiró Geraldo, "a mis hijos les gustaba mucho Melissa, a todos nos gustaba. Quiero decir que yo estaba enamorado de ella. ¿Pero casarme? No estaba seguro de que esa fuera la respuesta. Mi primer matrimonio terminó mal; sinceramente, fue bastante mal todo el tiempo. Yo no estaba seguro de estar preparado para intentarlo de nuevo, especialmente si todo iba a volver a romperse. Por tanto, hablé con algunos hombres en la iglesia, y con mis padres, pero entonces comencé a orar seriamente por eso, le pregunté a Dios si debía volver a casarme."
Geraldo continuó orando de ese modo durante cuatro meses. "Cuanto más oraba, más paz tenía, oraba y hacía todo lo posible por escuchar algún sentido de la dirección o instrucción de Dios, y lo que venía sobre mí era un sentimiento de paz y quietud acerca de volver a casarme. Creo que eso era Dios. Porque la paz que sentía venía porque yo oraba, cuando oraba, y después de haber orado. Yo le estaba pidiendo a Dios sabiduría, y eso era lo que estaba obteniendo. Tenía un sentimiento de paz acerca de casarme otra vez, y eso era lo que necesitaba, porque tenía temor a ello. ¿Me dijo Dios que me casara con Melissa en voz audible? No. No experimenté nada ni remotamente parecido a eso, pero oraba, y mucho, y cada vez que le pedía a Dios que me mostrara si debía casarme con Melissa, me sentía inundado de un sentimiento de quietud y paz."
¿Se considera Geraldo a sí mismo una persona "cambiada"? Piensa un poco antes de responder la pregunta. "Sí, de dos maneras. La primera, y la más importante, soy una persona cambiada porque Dios está en mi vida. Dios está guiando toda mi vida. En segundo lugar, soy una persona cambiada porque estoy casado con Melissa. He aprendido mucho sobre Dios de Melissa, ella me ha mostrado lo que es, diariamente, ser un colaborador de Dios en esto llamado vida. Tiene un tipo de 'fe firme' que, a pesar de lo que suceda, cada mañana cuando se despierta, Dios va a estar a su lado, preparado para ayudarla, guiarla y mostrarle qué hacer."
"Tengo dos compañeros", concluye Geraldo. "Dios es el principal, pero Dios ha escogido darme otro. Estoy más agradecido por eso de lo que posiblemente podría decirle...".
Vislumbres de mariposa
Cuando un gusano se convierte en mariposa, se rodea a sí mismo en un capullo, emergiendo más tarde en una forma completamente distinta de lo que era antes, ahora tiene alas, y puede volar. En medio de esas dos etapas la vida del gusano implica oscuridad y cambio, el trauma y la lucha de la transformación.
De alguna manera es el periodo oscuro de la vida, los cambios traumáticos que somos forzados a soportar, lo que con frecuencia nos trae la mayor posibilidad de ser transformados en algo nuevo y capaz: una mariposa con alas. Antes, contentos con nuestros propios caminos, avanzábamos a gatas sobre nuestros estómagos, avanzando centímetros hacia nuestra propia versión del futuro. Solo después, tras el trauma, comprendemos que se nos han dado alas para volar; podemos remontarnos a lugares que solamente imaginábamos.
El divorcio hace pedazos nuestra vieja manera de proceder; pone fin a nuestra cómoda vida, o al menos a la vida a la que nos habíamos ajustado como normativa, forzándonos a afrontar los lugares oscuros y aterradores. Sin embargo, es en esos lugares, cuando confiamos en Dios y en su sabiduría, donde podemos hacer real nuestra transformación en nuevas creaciones por medio de Cristo.
David y Lisa Frisbie son los codirectores ejecutivos de The Center for Marriage and Family Studies, un centro de consejería que ayuda a familias que han pasado por traumas o cambios. Son oradores y autores que viajan internacionalmente. Este artículo se obtuvo de su libro Salga adelante después del divorcio. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.
















