He oído describir al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como las tres partes de un huevo: el cascarón, la materia blanca, y la yema. También he oído a personas decir que Dios es como un trébol de tres hojas: tres "brazos" y, sin embargo, todos son parte del único tallo del trébol. Otra comparación popular es con los tres estados del agua: líquido, sólido y gaseoso. Aunque sirven como bonitas metáforas para un misterio inexplicable, el hecho es que Dios no es como un huevo, un trébol de tres hojas, o los tres estados del agua. Él es incomprensible, incomparable, y distinto a cualquier otro ser. Él está fuera de nuestra esfera de existencia y, así, fuera de nuestra capacidad de categorizarlo. Aunque las analogías pueden ser útiles para entender ciertos aspectos de Él, tengamos cuidado de no pensar que nuestras analogías de alguna manera encierran su naturaleza.