Amado Dios, gracias porque tu palabra es fiel. Tu palabra nos fortalece y nos alienta cuando ponemos toda nuestra confianza en ti. Que aunque estemos atravesando el valle de lágrimas, tú lo tornas en fuente cuando la lluvia llena los estanques. Y al estar llenos de ti, podemos continuar de poder en poder. Te pedimos que tu lluvia de amor y paz inunde nuestro corazón, y así podamos demostrar al mundo que tú eres el Rey y Señor de nuestra vida. En el poderoso nombre de tu Hijo Jesús. Amén. (Oración basada en el Salmo 84:5-7)
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