Es un error común creer que Dios es malo o desalmado a causa de sus estándares para entrar al cielo. Una encuesta de Barna de 2006 mostraba que el 54 por ciento de los estadounidenses creía que, en general, si usted es una persona buena, irá a cielo, y si es malo, al infierno.
Sin embargo, pasar la eternidad en el cielo no depende de ser bueno por dos razones: Primera, porque se basa en una relación; y segunda: ¿a qué estándar de bondad nos estamos refiriendo? El suyo y el mío podrían ser diferentes. Bien, el estándar de Dios ciertamente es distinto, ya que es mucho más alto que los nuestros.


En los versículos 14-16 del Salmo 91, el autor pasa de hablar en tercera persona sobre las promesas de Dios, a Dios hablándonos personalmente desde su lugar secreto y anunciando sus promesas en primera persona. Es un dramático cambio de tono, pues pasa a ser Dios hablando proféticamente a cada uno de nosotros directamente, denotando significativamente mayor profundidad en la relación.
El sufrimiento es una de las cosas más difíciles de entender en la vida y el cristianismo.
Dios tiene muchas manera de sanarnos con base en la obra redentora de Cristo. Es algo por lo que Jesús ya pagó; algo por lo que sufrió. Su deseo de que usted sea sanado y camine en sanidad divina es la razón por la que Él pasó por tanto dolor y sufrimiento. Él estaba tomando sobre sí mismo el dolor y el sufrimiento de la humanidad. Por lo tanto, Él estaba haciendo que la sanidad estuviera disponible para usted a través de muchas avenidas. Los cuales son:
No hay otra forma de conectar y alinear la mente que a través de la sabiduría, sin embargo, ¿qué es la sabiduría? La sabiduría no es otra cosa que inteligencia espiritual. La misma se demuestra con hechos. Es hacer lo que sabes que tienes que hacer, aunque a tu carne no le guste (Juan 13:3-5). La sabiduría es el modo correcto y apropiado de aplicar el conocimiento y trabajar la información (1 Reyes 3:16-28). Es esa capacidad de la mente para entender y del corazón para regocijarse con el significado interno de las cosas que Dios hace (Santiago 1:2). ¡Piensa!
La Palabra de Dios enseña que aunque algunas personas recibieron el Espíritu Santo por imposición de manos, otras veces el Espíritu Santo simplemente se derramó sobre la gente. Hechos 10:44 dice que mientras Pedro predicaba a la gente, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que lo escuchaban. Los siguientes versículos de Hechos 10 nos dicen que los creyentes que venían con Pedro se asombraron, porque eran testigos de cómo libremente el don del Espíritu Santo era derramado sobre la multitud, lo cual se evidenciaba porque hablaban en lenguas desconocidas.











