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Creado para el deleite de Dios

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La Biblia dice: “En el principio Dios creó . . . ” (Génesis 1:1). Eso es lo que yo creo. Dios creó al hombre a su imagen porque quería tener compañerismo eterno. No necesitaba nuestra compañía pero la quería. El salmista lo dice así, “Porque el Señor se complace en su pueblo . . . ” (Salmo 149:4). Eso es así, se deleita en nosotros. No solo nos tolera, ¡nos celebra!

Cuando Dios en un principio creó a la humanidad, los creó varón y hembra y les dijo que se reprodujeran, que llenaran la tierra y que gobernaran sobre sus habitantes (ver Génesis 1:27-28). Este planeta iba a ser el primero de muchos reinos donde la humanidad gobernaría con Él (ver Daniel 7:27). Dios nos estaba preparando para reinar juntamente con Él. Es por esto por lo que no puso el huerto de Edén a prueba de niños. Plantó dos árboles en el huerto para que Adán y Eva aprendieran cómo tomar decisiones sabias. La tierra tenía que ser la guardería para el entrenamiento real de la humanidad.

En el siguiente capítulo de Génesis, vemos algunas pistas de cómo y por qué Dios creó a la humanidad de la manera en la que lo hizo, para poder llevar a cabo nuestro destino divino de reinar con Él: Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente . . . Luego Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» Entonces Dios el Señor formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo, y se los llevó al hombre para ver qué nombre les pondría. El hombre les puso nombre a todos los seres vivos, y con ese nombre se les conoce. Así el hombre fue poniéndoles nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo. Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre. Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: «Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada. » Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser (Génesis 2:7,18-24).

Lo interesante es darse cuenta de que la Biblia no dice que Adán pidió una compañera para poder reproducirse. Dios dijo que Adán estaba solo y que necesitaba una ayuda. ¿Cómo estaba solo? Estaba solo porque había un vacío relacional en su corazón ya que Dios le había creado a su imagen. Dios es, en sí mismo, una relación, un intercambio íntimo de amor y amistad. A diferencia de todo lo demás en su creación, hizo a la humanidad para que se relacionase tanto con Él como con los demás en esta relación de amor. Hasta que Dios creó a la mujer, no había nadie en el huerto con quién Adán se pudiera relacionar de la misma manera cómo se relacionaba con su Dios. Y para que Adán pudiese reproducirse y tener hijos que serían a la imagen de Dios, como hemos visto, el proceso de reproducción tenía que ser parte de una amistad íntima, amante y fiel que reflejase la relación que Dios quería que tuviéramos con Él.

Así que Dios arregló la soledad de Adán haciéndole dormir y haciéndole pedazos. Desde ese punto en adelante, Adán se relacionaría con su esposa de la misma manera como se relacionaba con Dios porque ella le completaba de la misma manera que lo hacía Dios. El hombre fue manufacturado como un receptáculo de Dios, por así decirlo, un lugar para que su Creador se pudiera enchufar a su alma y así completase el circuito de su vida. Dios encaja perfectamente en el hombre porque fue creado para el deleite de Dios y para compañía. Y cuando Dios sacó literalmente a la mujer del costado del hombre, creó un vacío similar que solo podía ser llenado por ella. Sin ella, Adán carecía del resto de sí mismo.

Te darás cuenta de que, después de este incidente, la Biblia nunca vuelve a mencionar a las mujeres cuando enumera una multitud. Es porque Dios sabe que se necesita tanto varón como hembra para hacer una persona completa. Esta versión divina del matrimonio está en el centro absoluto del corazón de Dios y de su voluntad hacia la humanidad. Milenios más tarde, Él reveló a su pueblo que su destino final era casarse eternamente con su Hijo, ser la esposa de Cristo.

- Tomado del libro Revolución Moral por Kris & Jason Vallotton. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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