Solo dos cosas
determinan su destino: sus elecciones y sus respuestas a Dios. La
Palabra de Dios está llena de elecciones. El capítulo 28 de Deuteronomio está
dedicado a escoger hacer el bien y ser bendecido o hacer el mal y ser
maldecido. El sucesor de Moisés, Josué, llamó al pueblo de Israel a tomar una
decisión. Les dio una sencilla elección: “Pero si a ustedes les parece mal
servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que
sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los
amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo
serviremos al Señor” (Josué 24:15, NVI). De igual modo, cuando el profeta Elías
desafío a los profetas de Baal, preguntó: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros
entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de
él” (1 Reyes 18:21).
El tema subyacente de esas decisiones puede resumirse en las palabras de Romanos 12:9, donde Pablo instruye a los creyentes: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Este tema se refleja en la vida de un hombre llamado Job. La Biblia describe a Job como un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” ( Job 1:1).
Yo creo que Job tomó la decisión en su juventud de qué serviría al Señor, de que seguiría lo bueno y aborrecería lo malo, y de que permanecería en el sendero estrecho. Recuerdo cuando yo tenía doce años y no podía esperar a cumplir los 13 y convertirme en un “adolescente” oficial. Cuando uno está creciendo, el tiempo parece que pasar lentamente. Cuando tenía quince, no podía esperar a cumplir los dieciséis y comenzar a conducir. Los dos siguientes años parecieron tomar una eternidad, pero final- mente llegó mi decimoctavo cumpleaños. Pero de repente, el tiempo se aceleró. Antes de darme cuenta ya tenía veinticinco, después treinta, cuarenta, y al escribir este libro, ¡casi cincuenta! Las décadas han pasado volando. Mirando atrás, estoy agradecido por unos padres piadosos que me ayudaron a entender cómo tomar decisiones correctas tempranamente en mi vida. Miro a mi alrededor a mi esposa y mis hijos a los que quiero; y al ministerio donde Dios me ha puesto y la influencia que Él me ha dado, y sé que por mí mismo no estoy lo suficientemente cualificado, lo suficientemente dotado, lo suficientemente educado para estar haciendo lo que hago. Entonces, una vez más, no son nuestros talentos y nuestra educación los que establecen el curso para nuestra vida, sino nuestras elecciones y nuestra respuesta a Dios.
El Señor tocó mi corazón en una reunión cuando yo tenía trece años de edad, y recuerdo tomar la decisión aquella misma noche de que sería virgen hasta que me casara. Recuerdo haberlo pensado y planeado cómo evitaría la tentación a fin de cumplir esa decisión. Aún puedo recordar el día en que tomé la decisión de que nunca más volvería a tocar el alcohol, de que nunca más volvería a tocar los cigarrillos. ¡Aquellas no eran decisiones populares! Eran decisiones que me sacaron del camino ancho en el que caminaba la mayoría de mis amigos, estableciendo mi curso en cambio en el camino estrecho. Siempre que usted toma una decisión contra una cosa, siempre toma una decisión a favor de otra.
Cuando toma la decisión de aborrecer al mal, usted toma la decisión de seguir lo bueno. Del mismo modo, cuando escoge ignorar el impulso del Señor en un área, está tomando la decisión de hacer algo que se opone al mejor plan de Él para su vida. Mis elecciones y mis respuestas a Dios han gobernado toda mi vida. Escoger hacer lo bueno no siempre es fácil, pero la gracia de Dios es suficiente para ayudarle.
- Tomado del libro El ayuno de vanguardia por Jentezen Franklin. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.
















