Lo más difícil para establecer un negocio en la casa, o para hacer cualquier cosa, es el tomar la decisión de hacerlo. Sin embargo, la vida es una cadena de decisiones. Siempre tendrá que escoger entre una cosa u otra. Pero, ¿qué es escoger sino tomar una decisión?
Durante toda mi carrera profesional, he enseñado una fórmula para tener éxito en cualquier tarea que emprendamos en la vida. Esa fórmula del éxito es bien sencilla, sólo tiene cinco pasos y van en este orden:
1. Creer en Dios
2. Decidir
3. Hacer
4. Evaluar y corregir
5. Seguir haciendo
Para hacer algo exitosamente, ante todo, hay que tener una fe inquebrantable en Dios. Debemos creer con todo nuestro corazón que es su deseo que tengamos éxito en lo que emprendamos. Luego, tomar la decisión y, finalmente, hacerlo. Parece simple, ¿verdad?
Sin embargo, el más difícil de los pasos es el segundo: decidir. A menudo, pasamos meses y años pensando hacer algo. Cuando tomamos la decisión, notamos que ocurrió en un momento. Un ejemplo es llamar a alguien para pedirle perdón por algo que hicimos.
Otro ejemplo es, como dicen aquellos que una vez fumaron y luego lograron vencer el hábito: "Tomó mucho tiempo decidirlo, pero dejar de fumar fue tan rápido como los segundos que tomó lanzar a la basura la última cajetilla de cigarrillos".
Si la decisión se relaciona con la idea de crear un negocio, a veces dejamos pasar el tiempo, dándole largas al asunto, hasta que un día nos despiden del empleo o nos reducen el salario. Para tener un medio de subsistencia, nos vemos casi obligados a iniciar aquel negocio que soñamos. Primero, nos enojamos con el que nos despidió. Años más tarde, quisiéramos darle las gracias. Las historias de muchos negocios empezaron con situaciones así. Esa decisión, aunque casi la tomó otro por nosotros, sólo tomó un momento.
Al decidirnos, el paso de "hacer" va de la mano. En muchas ocasiones, decidir y hacer son acciones simultáneas, porque lo que tomó valentía fue determinarnos. Si llegamos al momento de ejecutar la decisión, ya hemos perdido el miedo y seguimos adelante en el plan.
La fórmula continúa con el paso 4, que se divide de la siguiente forma:
- Evaluar lo que hacemos y decidir si se están obteniendo los resultados deseados.
- Analizar qué hacemos incorrectamente o qué es lo que no estamos haciendo.
- Corregir tal situación y pasar al siguiente paso: seguir haciendo. Rara vez se consigue el éxito haciendo algo una sola vez o por corto tiempo.
En el mundo empresarial, repetimos una frase de motivación para ayudar a los demás a decidirse a tener un negocio propio: "Si piensas que puedes, tienes razón. Si piensas que no puedes, tienes razón". La frase establece que todo lo que pensamos es lo que conseguimos, porque es lo que nos proponemos inconscientemente. Sin embargo, como cristianos podemos creer a lo que la Biblia dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Si Dios le está llamando para que trabaje su propio negocio como parte de los planes y propósitos que Él tiene para su vida, absolutamente nada impedirá que usted sea exitoso.
Pero volvamos al segundo paso. Tomar una decisión es difícil, porque implica cambios hacia algo nuevo. Por naturaleza, tememos a todo lo nuevo. Sea lógico. Su situación actual no es buena, así que lo nuevo tiene que ser mejor. No hay nada qué temer. Usted decidió establecer un negocio en casa, porque sus ingresos actuales son insuficientes o ningunos, o como en muchos casos, tiene que ganar dinero para mantener a su familia y pagar sus deudas.
Según los estudiosos del tema, cualquier situación en la que estemos es resultado de lo que hemos hecho o dejado de hacer, durante los pasados 5 a 8 años. Tal vez permanecimos demasiado tiempo en un empleo de bajos ingresos, donde no había posibilidades de crecimiento. Probablemente no nos ocupamos a tiempo de buscar otras alternativas. Quizás cuando teníamos el tiempo o la libertad personal, no aprovechamos para estudiar una carrera o profesión, y ahora estamos casados, con hijos a quienes mantener. Tal vez aprovechamos unas ofertas de compras de viviendas y somos víctimas de los aumentos en las hipotecas y las devaluaciones de las casas. Quizás usamos demasiado las ofertas de crédito de las tarjetas. Posiblemente acabamos de llegar al país, y lo que sabíamos hacer en el nuestro, no lo podemos hacer aquí por no tener la licencia requerida. Probablemente, nos acomodamos en una situación y no pudimos prever lo inesperado. En fin, llegamos a una crisis financiera personal que se complicó con el cuadro económico nacional.
En cualquiera de estos casos, y en los cientos de otras posibilidades similares, la palabra final es que necesitamos ganar dinero AHORA. Queda un camino: ganar dinero desde la casa. Si todavía tiene dudas, vuelva a mirar a su alrededor. Nadie tiene su empleo seguro, si es que lo tiene. Los medios noticiosos informan a diario sobre miles de empleados, hasta gerentes y ejecutivos, lanzados a la calle por diferentes razones.
Bajo estas circunstancias, es una gran opción crear un negocio que se pueda operar desde la casa, aún para aquellos que están empleados. La persona podría hacer crecer el negocio poco a poco, ya sea sola o con la ayuda de su cónyuge, y tenerlo como un paracaídas de emergencia si algo sucede con su empleo actual. Como dice un viejo refrán: "Más vale precaver que tener que lamentar".
En el mundo empresarial, repetimos una frase de motivación para ayudar a los demás a decidirse a tener un negocio propio: "Si piensas que puedes, tienes razón. Si piensas que no puedes, tienes razón". La frase establece que todo lo que pensamos es lo que conseguimos, porque es lo que nos proponemos inconscientemente. Sin embargo, como cristianos podemos creer a lo que la Biblia dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Si Dios le está llamando para que trabaje su propio negocio como parte de los planes y propósitos que Él tiene para su vida, absolutamente nada impedirá que usted sea exitoso.
-- Extracto tomado del libro Gane dinero desde su casa con la ayuda de Dios de Francisco B. Güell. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
















