Es indispensable que sepas hacia donde vas en la vida y cuán activamente procuras lograr tus metas. Debes tener objetivos claros, expectativas firmes y deseos que se harán realidad. Mujer: ¡Atrévete a soñar!A través de mis años de experiencia como "coach" he visto que una de las limitaciones más importantes que tienen las mujeres para alcanzar el éxito es su propia actitud. Nuestra actitud en la vida está relacionada con nuestra fe. Para agradar a Dios, debemos tener una actitud de querer hacer las cosas y confiar en Él por los resultados.
Jesús, nuestro Señor dice en el libro de Marcos 11:22-24: "Respondiendo Jesús, les dijo Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice lo que diga le será hecho. Por tanto, os dijo: que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá" (RV60).
Tengamos fe en Dios. Soñemos el futuro que Dios ha colocado en nuestro corazón, trabajemos con toda el alma y confiemos plenamente en Dios por los resultados. El Señor nos enseña que si confiamos en el Señor, Él hará. Muchas veces no nos lanzamos al llamado empresarial que tenemos porque medimos la bolsa de Dios con la nuestra.
Quiero compartir contigo mi testimonio personal y cómo Dios fue moldeando mi corazón y enseñándome a depender de Él.
Después de siete años de experiencia trabajando en la industria de la consultoría llegó un momento en que me sentía frustrada, desanimada, estancada y disconforme conmigo misma. Quería hacer muchas cosas, sin embargo, pensaba que no tenía las habilidades para hacerlo. En un momento dado me di cuenta de que sufría de baja autoestima, que estaba llena de miedos y temores que me estaban limitando los planes que Dios tenía para mi vida.
Durante un viaje misionero Dios se glorificó de una forma extraordinaria y me dio una palabra que marcó mi vida. Hay momentos en que tú reconoces que Dios te está hablando por que hay cosas que tienes en tu corazón que nadie más conoce. Entonces, cuando Él utiliza a una persona que no te conoce para hablarte específicamente de lo que hay en tu corazón, es porque te quiere dar una enseñanza. Tal vez puedes identificarte conmigo y saber lo especial que se siente al pasar por una experiencia como esta.
Dios me habló específicamente sobre el miedo, un temor que me estaba limitando. En aquel momento no entendí del todo el mensaje que me quería dar. Pero luego de regresar del viaje misionero, cuando me reintegré al trabajo, me enteré que me había quedado sin empleo. Mi primera reacción, muy humana, fue reclamarle a Dios por qué me ocurrían estas cosas, si yo había estado haciendo su voluntad y estaba trabajando para Él. Pero, poco a poco, Dios fue moldeando mi corazón y en un proceso de cuatro meses me fue enseñando a depender de Él. Cuando aprendemos a depender del Señor vemos milagros en nuestra vida. Aunque veamos las circunstancias difíciles, ¡Dios nunca nos dejará!
Posteriormente una mañana orando al Señor vinieron a mi mente aquellas palabras que Dios me había hablado por medio del pastor diciéndome: "Tú misma te has estado limitando". Estas palabras se convirtieron en el desafío para levantarme y apoderarme de las promesas de Dios para mi vida. Decidí creer en la palabra de Dios y comencé a desarrollar las propuestas de servicios profesionales en el área de consultoría. De pronto comencé a notar algo distinto en mí, me sentía más segura, más decidida y con un gran ánimo y deseo de alcanzar el éxito. Me di cuenta que Dios había transformado mi corazón y mi actitud había cambiado. Al transformarse mi corazón y cambiar mi actitud, comencé a ver milagros, tras milagros. Las puertas comenzaron a abrirse y las inseguridades fueron desapareciendo.
La clave es dejar que Dios transforme nuestras actitudes. Constantemente debemos estar conscientes de nuestras actitudes ya que éstas determinan nuestra conducta. De aquí nace nuestro estilo, apertura y hábitos. Nuestra conducta influye en las relaciones con los demás. Si nuestra actitud es negativa afectará la confianza, la colaboración y el compartir con nuestros semejantes. Si nuestras relaciones se ven afectas tendremos problemas en lograr nuestros resultados. El nivel de rendimiento o alcance de logro se verá limitado. Si nuestros resultados son negativos o no son los esperados van a afectar nuestra actitud y se repetirá el ciclo negativo una y otra vez.
Podemos definir la actitud como un sentimiento interno que se ve reflejado y tiene un impacto en la conducta. La actitud, constituye la predisposición a responder de una determinada manera con reacciones favorables o desfavorables hacia algo que nos ha pasado en la vida.
Tu actitud refleja tu modo de pensar y es el principio del "punto de creación", es el paso inicial para llevarte a lugares donde tú nunca has estado antes. Las actitudes se van formando de acuerdo a los valores, las creencias y las experiencias que tenemos a lo largo de la vida. Las actitudes ayudan a iniciar nuestro comportamiento y a veces se las llama "motivadores ocultos" porque no siempre se las puede observar. Por eso es importante cuidar lo que entra a nuestra mente. Piensa: ¿Cuantos noticieros ves al día? ¿Qué clase de música escuchas? ¿Qué lecturas, películas y programas de televisión son tus preferidos?
Si en algún momento te das cuenta de que tu actitud es negativa y pesimista con respecto a la vida y a tu futuro, debes orar, buscar consejo y trabajar en descubrir las razones verdaderas por las que tienes esa actitud. Los pensamientos que albergas en tu mente influyen en tus decisiones a corto y largo plazo. Toda acción nace en un pensamiento. Cuida tus pensamientos. Todo pensamiento nace del corazón, por eso cuida tu corazón.
-- Extracto tomado del libro La mujer que prospera de Andrés Panasiuk con Melvy de León y Nilda Pérez; este artículo lo escribió la Lic. Nilda Pérez. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
















