Vida Cristiana

Porque le amo

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En los versículos 14-16 del Salmo 91, el autor pasa de hablar en tercera persona sobre las promesas de Dios, a Dios hablándonos personalmente desde su lugar secreto y anunciando sus promesas en primera persona. Es un dramático cambio de tono, pues pasa a ser Dios hablando proféticamente a cada uno de nosotros directamente, denotando significativamente mayor profundidad en la relación.

En estos tres versículos Él da siete promesas con un triunfo tan obvio como el que obtiene un hombre cuando una mujer acepta su proposición de matrimonio. Un compromiso a amar implica elegir. Cuando se elige a una persona sobre todas las demás, uno pone su amor en ella y se embarca en una relación más profunda. Esa es la imagen de como Dios pone su amor en nosotros. De igual manera, este pasaje desafía al lector a poner su amor en Dios. Cuando lo hace, la promesa tiene efecto, y Dios es indulgente con sus promesas para aquel que le ama.

El amor es la cohesión que une al hombre a Dios y Dios será fiel a su amado. El amor siempre requiere presencia y cercanía. Recuerdos especiales nacen de la relación. Por eso estos versículos no pueden explicarse totalmente, sino que tienen que ser experimentados. Permita que ponga una ilustración.

Si es usted padre o madre, puede que haya observado con horror como su hijo pequeño agarraba a un gatito recién nacido por el pescuezo y lo llevaba hasta el jardín. Puede que usted se preguntase cómo iba a sobrevivir.

En nuestra familia era una vieja gallina la que soportaba la aflicción por parte de nuestros hijos tan entusiastas. Ole Red dejaba que la agarraran mientras estaba en el proceso de poner su huevo y lo depositaba justamente en las anhelantes manitas de Angie. Los niños tenían su mérito en cuanto a lo que anunciaban como los huevos más frescos de la ciudad, algunas veces el huevo ni siquiera tocaba el nido. La época de puesta tenía su propia fascinación especial para los niños, mientras observaban a Ole Red tratar de empollar más huevos de aquellos sobre los que podía sentarse. Los niños numeraban los huevos con un lapicero para asegurarse de que cada huevo fuese adecuadamente rotado
y se mantuviera con calor, y hasta rotaban huevos entre diferentes gallinas. Ellos esperaban los veintiún días y, entonces, con un deleite contagioso, me llamaban para ver el nido rebosante de pollitos. Aquella vieja gallina tenía una camada de pollitos que salió de huevos empollados de todas las demás gallinas del gallinero.

Observar el escenario así de cerca tenía su propio y extraño encanto, pues uno podía ser testigo de la protección que ella daba a esos pollitos de una manera que la mayoría de personas nunca tienen la oportunidad de observar. Recuerdo sus plumas cuando ella agitaba sus alas. Recuerdo el olor de la paja fresca que los niños ponían en el nido. Recuerdo que podía ver por su suave y velloso costado y observar el rítmico latido de su corazón. Esos pollitos tenían casi una posición envidiable: algo que todos los libros sobre la teología de la protección nunca podrían explicar con meras palabras. Era la imagen inolvidable de un entendimiento auténtico de lo que significa estar debajo de las alas. ¡Aquellos eran unos pollitos felices! La verdadera protección tiene todo que ver con la cercanía.

Algunas personas reconocen que hay un Dios, otras lo conocen. Ni la madurez ni la educación ni la herencia familiar... o incluso toda una vida siendo un cristiano nominal puede hacer que una persona lo conozca a Él. Solamente un encuentro con el Señor y
pasar tiempo con Él harán que uno se aferre a las promesas del Salmo 91.

Necesitamos hacernos la pregunta: "¿De verdad lo amo?". Jesús hasta le preguntó eso a Pedro, un íntimo discípulo (Juan 21:15). Puede imaginarse cómo debió sentirse Pedro cuando Jesús le preguntó tres veces: "Pedro, ¿me amas?". Aun así, necesitamos preguntarnos eso a nosotros mismos, porque estas promesas se hacen solamente a aquellos que genuinamente han puesto su amor en Él. Tome nota especialmente del hecho de que estas siete promesas están reservadas para quienes corresponden al amor de Él.

Y recuerde que el Señor dijo en Juan 14:15: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". Nuestra obediencia es un indicador confiable que muestra que realmente le amamos. ¿Le ama usted? Si es así, ¡estas promesas son para usted!


-- Extracto tomado del libro Salmo 91 de Peggy Joyce Ruth. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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