No hay otra forma de conectar y alinear la mente que a través de la sabiduría, sin embargo, ¿qué es la sabiduría? La sabiduría no es otra cosa que inteligencia espiritual. La misma se demuestra con hechos. Es hacer lo que sabes que tienes que hacer, aunque a tu carne no le guste (Juan 13:3-5). La sabiduría es el modo correcto y apropiado de aplicar el conocimiento y trabajar la información (1 Reyes 3:16-28). Es esa capacidad de la mente para entender y del corazón para regocijarse con el significado interno de las cosas que Dios hace (Santiago 1:2). ¡Piensa!
Es esa habilidad espiritual dada por Dios para que trates inteligentemente con las variadas experiencias de la vida y no te amargues la existencia en el proceso (2 Corintios 1:4). El proverbista la describió como un adorno de gracia sobre tu cabeza y collares en tu cuello. La sabiduría entiende, conoce, recibe y da (Proverbios 1:1-4).
La sabiduría tiene la virtud de acrecentarse en aquellos que son diligentes en buscarla y disminuir en los que la menosprecian. Es despreciada por los insensatos, pero amada por el que desea crecer y mejorar su calidad de vida. ¿Quieres hallar sabiduría? Entonces búscala y hazlo con diligencia (Proverbios 19:20). Adquiere el consejo de Dios y entiende las declaraciones que hace (Proverbios 23:12).
La Biblia dice que la sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas, se hace escuchar en los principales lugares de reunión. ¡Que triste que algunos no la dejen entrar! ¿Quieres en realidad disfrutar de la sabiduría en tu vida? ¿Estás seguro? Entonces no te incomodes cuando ella te reprenda y no deseches su consejo. El que desecha la sabiduría es un ignorante y su propia ignorancia lo lleva al matadero. Ahora bien, la otra pregunta que hay que hacerse es: ¿Dónde hallas la sabiduría? Según lo que Salomón dice de manera inicial, hay cuatro lugares principales donde puedes encontrarla:
Primero, la sabiduría proviene de las alturas. No erremos. Todo don perfecto y toda buena dádiva viene de lo alto, del Padre de las luces (Santiago 1:17). Esta sabiduría viene de arriba, de Dios. De forma metafórica, las alturas significan retos de fe; se trata de Dios mismo invitándote a ver las cosas desde su perspectiva, no la tuya, y a que interpretes los acontecimientos en tu vida a través del filtro de su mente. Es un desafío a que en medio de esa dificultad ores y no desmayes hasta ver el problema solucionado en tu interior. Fíjate que dije en tu interior. Una vez que el problema se resuelve en tu interior, aunque no sea removido de inmediato, es más fácil manejarlo. Implica que dependas por completo del Señor. Que lo mires a Él, sólo a Él. Que te reposiciones, y te ubiques espiritualmente donde te colocó según Efesios 2:6, en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Que permanezcas a su lado, inmóvil hasta que sea el momento de actuar. Que cuando te llegue el momento de alzar el vuelo lo hagas con la plena confianza de que es Dios quien te lleva de la mano. ¿O acaso no es el tu Pastor? Por otro lado, deja de estar mirando los pecados que los hombres cometen y concéntrate en lo que Dios hace, sólo así disfrutarás de una verdadera felicidad.
Segundo, la sabiduría se halla junto al camino. ¿Te acuerdas de Bartimeo, el que era ciego? Te aseguro que era ciego, pero no tonto. El joven pidió ayuda, aprovechó el momento, afinó el oído para escuchar, y abrió su boca para clamar. El resultado: recobró la vista y comenzó a ver de verdad (Marcos 10:46-52). Esto que te comparto aquí es un sermón en miniatura, pero de grandes proporciones. Hay algunos que con sólo hacer lo que Bartimeo hizo pueden lograr su liberación de inmediato. ¿En cuántos lugares te has metido con la mejor de las intenciones y has terminado involucrado en algo malo debido la ceguera de otros? Dale gracias a Dios porque conoce tu corazón y se encuentra contigo en el camino, de modo que te saca a tiempo de esa olla de grillos para que tu fe no se vea afectada. Es ahí donde la sabiduría se sitúa de manera estratégica para guardarte. Jesús es tu guardador (Lucas 22:31-32). ¡Deshazte de tu ceguera! Pide ayuda, aprovecha el momento, afina el oído y clama.
El tercer lugar donde puedes hallar sabiduría es en las encrucijadas de las veredas. Estos son los sitios desde donde parten varios caminos o calles a la misma vez. La mejor forma de entenderlo es si traes a tu mente la imagen de una intersección. Tal sabiduría implica saber hacia dónde doblar y cómo hacerlo a fin de evitar accidentes. Y si por esas «casualidades de la vida» realizas un mal viraje, significa tener las agallas de hacer un giro en forma de U y colocarte en la dirección correcta. ¿Entiendes el punto? Espero que sí. Dónde doblar, cómo hacerlo y virar en U. ¡Aplícalo!
El cuarto lugar para hallar la sabiduría es en las entradas de las puertas. Las puertas son lugares de acceso. Lugares con un letrero bien grande al frente que dice: Salida o Entrada. Se requiere sabiduría para discernir cuándo es el momento de entrar y cuándo es el momento de salir de un lugar. Y el que se pasa de tiempo en un sitio pierde el rumbo. En la Biblia, las puertas se definen como momentos de Dios, como oportunidades para oír su voz y obedecerle (Proverbios 8:34). ¿Estás escuchando la voz de Dios? ¿Le estás obedeciendo? Solo tú lo sabes (Apocalipsis 3:20). Yo lo aprendí a cantazos.
El único modo de permitir que la sabiduría entre a tu casa (mente y corazón) es aprendiendo a recibir e interiorizar la Palabra de Dios en tu espíritu. Jesús es la Palabra Viva. Si guardas y obedeces sus principios y enseñanzas, si meditas a diario y responsablemente en sus palabras, la sabiduría coronará tu cabeza. Cuando habló acerca de la sabiduría, lo que Salomón hizo fue describir a Jesús, el Mesías que vendría. Él es quien está en las alturas, el que se sitúa junto al camino para encontrarse contigo, aquel que se para en las encrucijadas de tu vida y en las entradas de tus puertas.
Salomón lo reconoció. Bartimeo lo siguió (Marcos 10:52). Santiago lo describió en el capítulo tres de su carta. Juan lo vio en revelación en la isla de Patmos (Apocalipsis 3:20). Y Pablo lo predicó entre los gentiles (1 Corintios 1:30; 2:1-9). Jesucristo, sabiduría de Dios. ¿Y tú qué estás haciendo? ¿De qué modo lo estás dando a conocer?
La carta del apóstol Santiago dice lo siguiente hablando con relación a la sabiduría:
«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Santiago 1:5, énfasis añadido).
¡Que bendición! Sabiduría a manos llenas... Sin embargo, también dijo:
«¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa» (Santiago 3:13-16, énfasis añadido).
Nada más que hablar con el testigo. Aquí quedamos todos retratados y al descubierto. ¿Te fijaste bien en la pregunta que hace el escritor sagrado? ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Y la respuesta que da es como para uno tirarse de cabeza contra el suelo y pedirle a Dios perdón y misericordia. Hay que tener una mente bien cerrada para uno no darse cuenta de esta gran verdad. ¿Cómo podemos justificar nuestras acciones ante Dios frente a una pregunta como esa? La conducta expresa lo que sientes y piensas, y eso no puedes disimularlo por mucho tiempo, pues tarde o temprano sale a la luz. Dicho de otra forma, no hay lugar donde puedas ocultar tu verdadero «yo». Aunque disimules ante los demás como Saúl lo hacía. Por lo tanto, no te engañes a ti mismo, examínate y comprueba mediante un simple análisis mental qué domina tu corazón.
--Extracto tomado del libro Atrévete a pensar como Él de Rosita Martínez. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
















